UNIVERSAL SOUL
El Internet, como un nuevo medio a mitad de una revolución de información, más allá de la mecánica y la electricidad, tiene la capacidad de transformar en invisible lo concreto.
Disuelve el componente físico de un libro, de una carta, de una conversación entre dos o más personas.
Modifica el tiempo en que vivimos, el ritmo en que envejecemos.
La era eléctrica materializó el tiempo en un segundo, lo tornó material al mismo instante.
La era de la información, en conjunto con lo aportado por la electricidad, se transforma en tiempo mismo, privada del esfuerzo físico que produce un resultado.
No existe causa ni efecto en la era de la información.
No existe la memoria en la era de la información.
La memoria está en las máquinas, que hasta eso hacen por nosotros.
El Internet no acorta distancias, sino que conecta fantasmas.
Al ser una herramienta, y requerirse un dominio de dicha herramienta, el Internet transforma en máquina al humano, en cerebro que la guía para valerse por sí misma.
Tiempos nuevos requieren cambio de papeles.
Las computadoras, el Internet, forman su esencia en el espacio, sin cuerpo, simple humo de cigarro.
El Internet, en relación a las máquinas (a las computadoras), funciona como un ALMA.
El ser humano, desde el alma misma de las máquinas, corre el riesgo de volverse invisible, no ya en relación a la materia circundante (árboles, autos, casas, tierra, agua, etc.), sino en relación a los humanos mismos.
Determinar el impacto de Internet sobre la sociedad equivale a descubrir la sensación de un hombre frente al cálido aliento de una mujer invisible.
No se hable de democracia o derechos de autor.
Discútase sobre una sociedad que, en medio de una tremenda necesidad de renovar sensaciones y sentidos, se adentra en una etapa de distancias, de pantallas como rostros y teclados como lenguas imparables.
De la construcción del alma sí se habla. Del hombre como dios.
Ya no basta con materializar la vida en físico. Hablamos de crear esencias, de dotar de fibras a lo tangible: crear desde el origen espiritual de la materia.
Se trata de crear nuevas formas de trascendencia.
En la era de la información, trascender no es aportar ni crear más información, es convertirse en información, disolverse en códigos binarios y, tal vez, algún día, formar parte de esa gran prefabricada alma universal.
Disuelve el componente físico de un libro, de una carta, de una conversación entre dos o más personas.
Modifica el tiempo en que vivimos, el ritmo en que envejecemos.
La era eléctrica materializó el tiempo en un segundo, lo tornó material al mismo instante.
La era de la información, en conjunto con lo aportado por la electricidad, se transforma en tiempo mismo, privada del esfuerzo físico que produce un resultado.
No existe causa ni efecto en la era de la información.
No existe la memoria en la era de la información.
La memoria está en las máquinas, que hasta eso hacen por nosotros.
El Internet no acorta distancias, sino que conecta fantasmas.
Al ser una herramienta, y requerirse un dominio de dicha herramienta, el Internet transforma en máquina al humano, en cerebro que la guía para valerse por sí misma.
Tiempos nuevos requieren cambio de papeles.
Las computadoras, el Internet, forman su esencia en el espacio, sin cuerpo, simple humo de cigarro.
El Internet, en relación a las máquinas (a las computadoras), funciona como un ALMA.
El ser humano, desde el alma misma de las máquinas, corre el riesgo de volverse invisible, no ya en relación a la materia circundante (árboles, autos, casas, tierra, agua, etc.), sino en relación a los humanos mismos.
Determinar el impacto de Internet sobre la sociedad equivale a descubrir la sensación de un hombre frente al cálido aliento de una mujer invisible.
No se hable de democracia o derechos de autor.
Discútase sobre una sociedad que, en medio de una tremenda necesidad de renovar sensaciones y sentidos, se adentra en una etapa de distancias, de pantallas como rostros y teclados como lenguas imparables.
De la construcción del alma sí se habla. Del hombre como dios.
Ya no basta con materializar la vida en físico. Hablamos de crear esencias, de dotar de fibras a lo tangible: crear desde el origen espiritual de la materia.
Se trata de crear nuevas formas de trascendencia.
En la era de la información, trascender no es aportar ni crear más información, es convertirse en información, disolverse en códigos binarios y, tal vez, algún día, formar parte de esa gran prefabricada alma universal.



No hay comentarios.:
Publicar un comentario