agosto 06, 2007

Sobre SIGNIFICANTE IMAGINARIO (Primera parte)


Esto no es un diario de producción, como debió haber sido. Más bien, siento yo, es como dice la canción: un recuento de los daños.

Pero no hay que ser dramáticos. Más bien, se trata de un resumen de la gestación, desarrollo y conclusión del proyecto que ocupó los últimos 10 meses de mi existencia: SIGNIFICANTE IMAGINARIO.

Y bueno, allá vamos:

Corría el mes de Mayo de 2006 y por fin daba por terminado mi anterior proyecto (EMERGO ZINNEMA, un cineclub enfocado al género de horror y fantástico, y a cuya creación debo la existencia de este blog) cuando me enfrenté a la pregunta inevitable: ¿Y ahora qué?

Pasaron los días, las clases terminaron y yo me la pasaba en la biblioteca de la escuela buscando cortometrajes en You Tube. No es que no pudiera buscar cortos en otro lugar: trabajaba en mi segundo verano científico sobre la obra de Cronenberg y platicaba con los demás veraniegos de aquel año (Víctor, un nayarita que se alojaba con un lisiado que le pedía, como única condición, exprimir un costal de limones cada día, pues se dedicaba a vender aguas frescas en el centro de la ciudad; Paulina y aquel otro cuyo nombre no recuerdo, a quien apodábamos Hitler) sobre nimiedades y la coca cola.

Por aquel entonces, recuerdo, leía Cabal (Clive Barker, 1988).

Además, mis diarias visitas a la biblioteca me acercaban al recuerdo de otro libro, de muy distinta índole: Medicina Forense, edición nosequé, año nosecuál, parte de la colección bibliográfica de la facultad de derecho y cuyas páginas revisé por primera vez gracias a la prestancia de otro amigo, Julio, que muy amablemente lo llevó a mi mesa, como una invitación, hace ya bastante tiempo. En su interior, sobra decir, cadáveres de todas las edades, colores y modelos. Las causas: lo de menos. Pero no era el contenido general del libro lo que resucitaba mi memoria, sino unas cuantas fotografías hechas al cadáver de una mujer joven, muy joven, de piel aún tersa, morena clara, recostada sobre una cama de metal. Su cuerpo estaba casi en perfecto estado, a no ser por una herida a la altura de la ceja (la derecha, lo recuerdo bien) que dejaba entrever el inicio de un abismo.

Sin reservas, se trataba de una mujer hermosa.

Lo que siguió, sin embargo, no lo fue tanto. Resulta que aquella era una sección del libro titulada Metodología de la autopsia histórica, y dicha mujer su protagonista.

Fueron quince o veinte fotos que dolieron.

En fin, de regreso a la biblioteca y al verano, el recuerdo de aquellas fotografías me condujo, una vez más, a otra lectura: La dalia negra (James Ellroy, 1987).

En sus páginas, uno de los protagonistas se ve derrumbado por la obsesión de descubrir al asesino de la Dalia Negra (Elizabeth Short, para los amigos), quien fuera descubierta muerta, violada y mutilada en un lote baldío de Los Angeles. Lo interesante es la reconstrucción del proceso en que Bucky Bleichert transforma un caso policial, ajeno a su vida personal, en un acto de venganza por amor: Bleichert terminará por enamorarse de aquella mujer, de aquel amasijo de carne mutilada, en busca de un ideal: justicia.

Por lo que sea, terminé por relacionar la historia de Bleichert y mi propia impresión de las autopsias, y fue así como surgió el germen de una historia que aún no se ha concretado y que, creo, nunca se concretará. Lo bueno es que, por aquel entonces, yo no tenía ni idea de lo que pasaría y traía entre manos una historia qué contar.

Así, recordé también que cuando decidí fundar el cineclub lo hice porque decidí esperar un poco más antes de dar el salto a los cortometrajes en cine digital. Entonces, un año después, con algunos cortos más en formato MiniDV y con muchas experiencias por delante, decidí redactar un proyecto de producción de cortometrajes.

¿La limitante? Si quería aspirar a conseguir un poco de financiamiento, no podía elaborar el proyecto para realizar un cortometraje, sino varios. Es así como me alío con mi colega Sebastián Vivaldi y decidimos proyectar la realización no de uno, sino de cuatro cortos, cuyo punto más importante era la utilización de cámaras de cine digital y la exportación de los productos finales.

Días más tarde, justo a las 3:30 de la tarde del último día de recepción de proyectos, el nuestro está casi listo: sólo le hace falta título. Que nadie crea que lo hicimos a modo de homenaje y mucho menos por presunción. El título del proyecto tiene un origen y se llama “prisa”, “último momento” o como sea que lo quieran bautizar: SIGNIFICANTE IMAGINARIO.

Y ya para finalizar esta primera parte, sólo afirmar que el proyecto fue entregado a tiempo y que, entre sus páginas, se encuentran los bosquejos de las dos historias que me encargaría de contar: la primera, una mezcla de La dalia negra y algún libro de medicina forense, aderezada con tintes surrealistas; y la segunda, la historia de una mujer enamorada de un vampiro, inspirada en ciertos momentos de Cabal.

¿En qué acabaría todo?

1 comentario:

Anónimo dijo...

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