¿En qué nos quedamos?
Ahh sí, en que SIGNIFICANTE IMAGINARIO fue entregado exitosamente como proyecto y en nosotros poniendo changuitos para que lo aceptaran.
Dicen que la experiencia te da fortaleza y ciertos parámetros de acción para el futuro, pero en este caso no fue así. Mi experiencia en la producción y promoción de proyectos culturales un año antes fue, hasta cierto punto, gratificante. Me refiero, claro, a la eficiencia y profesionalismo de las personas que están detrás del organismo que califica y aprueba los proyectos, así como a la correcta y oportuna gestión de los recursos para los mismos. Pues bien, del año en que SIGNIFICANTE IMAGINARIO compitió para ser aprobado (2006) no puedo decir lo mismo. Fue una selección de proyectos accidentada, con una convocatoria que apenas estuvo abierta un par de semanas (lo cual es lamentable pues, a no ser que seas la esposa del presidente de aquella institución, para la mayoría resulta difícil –primero- enterarse y –segundo- desarrollar un proyecto completo con todo y cronograma, presupuesto, etc., antes de que cierre la convocatoria) y, si nuestro proyecto logró entrar, fue por que ya nos olíamos todo lo que habría de suceder.
En fin, nosotros ya estábamos dentro y, siendo que los resultados debieron publicarse unas dos semanas después de cerrada la convocatoria, a fin de cumplir con el cronograma planteado en un inicio, pasaron, si no me equivoco, casi dos meses para que dieran resultados definitivos y algo más para que administraran los recursos financieros y nos pusiéramos a trabajar.
Pero, antes de continuar, les presento el resumen del resumen de nuestro proyecto: realizaríamos, entre Sebastián Vivaldi y yo, cuatro cortometrajes ambientados en ésta, nuestra pequeña ciudad cubierta de OXXO´S: Los Mochis, parte del estado de Los encobijados: Sinaloa. Además, ciudadanos de Los Mochis los protagonizarían y nos prestarían sus casas, negocios y hasta el cuartito del tiradero (cada hogar tiene el suyo) para filmar nuestras ocurrencias. Al final, claro, los exhibiríamos en la ciudad y, lo más importante de todo, serían exportados a diversos festivales nacionales e internacionales, con el objetivo de promover la naciente cinematografía local.
Si es que alguien lee esto y no ha tenido la oportunidad de comprar ni siquiera un sobre de Kool-Aid en un OXXO de Los Mochis, Sinaloa, México; debe saber que se trata de una ciudad con una economía netamente agrícola y acuícola (verduras y camarones, pues), con todo y sus cadenas comerciales norteamericanas y restaurantes de sushi. Y, si bien ninguna condición o sistema económico limita las posibilidades culturales e intelectuales de una sociedad, sí que las influye. Un espectáculo cultural para la masa local sería, por ejemplo, ir al antiguo cine (ahora convertido en improvisado teatro) a ver La señora presidenta, aunque me imagino que esto pasa en todos lados.
En fin, a lo que voy es a que ninguna actividad o expresión artística goza de gran popularidad en esta ciudad: a los eventos culturales asisten los mismos de siempre, como ellos se hacen llamar pedantemente (o, como les llamamos algunos: la mafia cultural, jaja) y el horizonte no depara mejores perspectivas. Los pocos espacios que se distribuyen son para la literatura, la pintura, la música y, muy ocasionalmente, para el teatro (y no es que los discrimine). Existe, o existía hasta hace poco, algo parecido a un cineclub (todos los domingos, en una plaza frente a una conocida iglesia local) que proyectaba películas de Chaplin, Keaton, Flynn y demás referencias al periodo mudo. Por lo demás, y cosa rara en estos días, el cine es el arte menos explotado en la región, con pocos espacios y nada de producción local, razón de sobra para nosotros para experimentar con él y medir su alcance a un nivel macro con un objetivo general (conseguir la atención de las sedes de la cinematografía nacional) y varios particulares (atraer muestras y eventos cinematográficos a la ciudad, promover la producción local y sentar las bases de una infraestructura cinematográfica sólida).
(Sí, ya sé que todo suena demasiado ambicioso, pero alguien tiene que hacer el trabajo difícil ¿no?).
El tiempo corrió y a finales de Octubre se dio el banderazo de salida a unos ocho proyectos, entre los que estaba incluido SIGNIFICANTE IMAGINARIO.
Aquella pregunta regresó: ¿Y ahora? Y momentos después dio comienzo la preproducción de los primeros dos cortometrajes, que apenas y tenían la vaga forma de un destello.
Había que regresar al planteamiento, a la búsqueda de un entramado que justificara cada imagen propinada por la inspiración. Tenía dos ideas en mente, a la Dalia Negra y a un par de vampiros, pero ninguna aventajaba a la otra lo suficiente como para escoger. Incluso llegué a elaborar el borrador de la adaptación de un relato de Richard Matheson: Desaparición.
Es aquí donde hace su aparición oficial un personaje que desempeñaría un papel fundamental para el desarrollo del proyecto: el Duende Callejero (con Lucky Strikes incluidos).
Con su ayuda solucionamos los baches de nuestras historias y encaminamos nuestras letras hacia un solo camino: en mi caso, la historia de vampiros.
Es divertido recordar el proceso que siguió esa historia: en un principio, todo lo que yo sabía es que quería contar la historia de una mujer que vivía obsesionada por entregar su amor a un vampiro, y todo lo que tendría que hacer para lograrlo. Esto, lo repito, está inspirado en cierto capítulo de una novela de Clive Barker, y ya casi no puedo creer que al principio se tratara de una historia de amor. El planteamiento evolucionó y llegó al punto de convertirse en una historia de tortura: ¿Hasta donde llegaría la manipulación del vampiro hacia su víctima y hasta qué punto la resistencia de ésta? Días después la historia retrataba a ambos personajes como seres empáticos, luchando por un mismo fin. Recuerdo que había espejos, cajas misteriosas, vehículos que se pierden en la noche, perreras y un hombre mojado por efectos de la lluvia, parado junto al marco de la puerta y prohibida su entrada por la dueña del lugar. La investigación vampírica, indispensable desde el principio, completó los huecos argumentales y, casi al final del trayecto, una vez que hube de recrear el universo completo en que se desenvolvían los personajes, el resultado incluía los siguientes campos: actrices porno, mafia que distribuía pornografía marca propia, un asalto, un secuestro, un clandestino criadero de vampiros, un misterioso hombre vestido de negro, un pacto de inmortalidad, una masacre y, finalmente, una invasión de vampiros. Nada mal, aunque, como decía el Duende, tenía material suficiente para una película de hora y media. Lo ocurrido dentro de la historia se desarrollaba en un lapso de tres o cuatro meses y había que reducirlo, primero, a unas tres semanas.
Pero, antes de continuar, contextualicemos un poco.
Había, dentro de los proyectos que fueron aprobados para su realización ese mismo año, uno que pertenecía a otro compañero de universidad, Macario, que llevaba por nombre Radiovisión y que consistía en la creación de una estación de radio por Internet.
Pues bien, ambos proyectos se gestaban a la par y, en cierto momento, acordamos que el equipo de SIGNIFICANTE IMAGINARIO se encargaría de realizar un programa de cine para la estación. Llegó la hora de ponerle nombre y, aceptando nuestra falta de talento en dicha área, recurrimos a una referencia: el programa llevó por nombre La séptima puerta, como guiño a The seven doors of hell (Lucio Fulci, 1981, más conocida como The Beyond).
Antes de que iniciara el programa sólo éramos dos los integrantes, el Pollo y yo, p ero al momento de transmitir nuestro primer programa ya éramos cuatro: se sumaron al equipo Alejandro Rangel y Fernando Garza.
¿Pero quienes son esos?
A Alejandro lo conocí un año antes, mientras coordinaba el cineclub. Asistía con frecuencia a las funciones y una que otra vez intercambiamos comentarios. Vive en Los Mochis pero es originario de Delicias, Chihuahua, en donde, junto a sus hermanos, trabaja en su propia compañía productora: Sueños Guajiros. Si mal no recuerdo, en aquellas fechas recién estrenaba un corto que él había escrito, La lista, con buenos comentarios de por medio.
A Fernando lo conocí por razones muy distintas: el Pollo, en aquel entonces, comenzaba a plantearse la idea de combinar su trabajo de pintura con otras personas (formar un colectivo, pues), y parece que Fernando andaba en pasos similares. Un amigo en común los puso en contacto y hubo una reunión (en la que estuve incluido) para plantear propuestas, que dio como resultado la formación del colectivo PER-SÉ, integrado por el Pollo (pintura), Fernando (también pintura), Oscar (música), Alejandro (Guionismo), Efraín (escultura) y un servidor (video). No hay necesidad de profundizar en esto.
El programa de radio comenzó y durante su corta existencia pudimos hablar de temas como: cómo hacer cine independiente, cine de horror, cine porno, westerns, recomendaciones de libros y hasta nos tocó la euforia de Los tres amigos. Fueron cinco o seis programas muy caóticos y divertidos, y lo habrían seguido siendo de no ser por que cancelaron nuestro espacio ¿Qué si por qué? Pues, digamos que a la mayor parte del equipo le agradaba el cigarro, y no tenía inconvenientes en demostrarlo en el lugar que fuera, incluida la cabina. Aclaro: no fue esa la única razón, pero sí la gota que derramó el vaso entre varios de los integrantes de SIGNIFICANTE IMAGINARIO y Radiovisión. En resumen, el programa había llegado a su fin, pero lo importante no era eso sino la formación, lograda gracias al programa de radio, del colectivo.
Regreso al guión de los vampiros: estaba lista una versión más corta, pero seguía siendo demasiado. Calculamos que duraría entre media hora y cuarenta minutos. Necesitábamos tijeras.
Por otro lado, se sumaba a la lista de cortos a producir el más reciente proyecto del Duende Callejero: Destello (del cual podrán saber más si entran a su blog).
El guión de Sebastián Vivaldi tomaba la forma de una historia futurista con tintes de film noir (sustancias alucinógenas incluidas).
La historia de los vampiros casi alcanzaba su forma definitiva, ya sin actriz porno y con un fotógrafo en el medio.
Otra cuestión salió a flote: la idea inicial era filmar los cortos en formato de cine digital, pero no teníamos una cámara con esas características ni demasiado capital. Fue necesario recurrir a e-bay y páginas por el estilo. Nada. Las ofertas variaban demasiado en cuestión de horas y se hacía imposible seguirles el paso. Llegó el punto en que dudé del destino del proyecto.
Sin embargo, recurrí a una opción que nunca imaginé que tuviera tan buenos resultados. Desde hacía ya unos dos años, acostumbraba leer el blog de un jóven cineasta de Tijuana, especializado en cine de horror y fantástico, cuyo DVD había adquirido hace poco tiempo. Dicho cineasta respondía al nombre de Aarón Soto. Nunca pensé que respondería el correo que le envié solicitando su ayuda, pero sí lo hizo y de la manera más atenta que se puede imaginar. Nos ayudó a conseguir la cámara que necesitábamos y hasta nos recibió en Tijuana. Esperamos volver pronto por aquella plática pendiente y le deseamos toda la suerte en sus proyectos.
¿Qué más?
En Febrero de este año realizamos un casting al que acudieron aproximadamente 70 personas. Más que suficiente para poblar el universo de los cortos.
El guión de los vampiros llegó a su fase final y, nuevamente, había que ponerle un nombre. Buscando recomendaciones llegué hasta el nombre de una canción de The Velvet Underground: Venus in Furs. De alguna manera sentí que correspondía con cierta idea de mi corto y lo adapté hasta convertirse en Venus en la Piel.
El guión de Destello también encontró su forma definitiva (pues hacía un año aproximadamente que había leído, creo, el segundo draft y, créanme, hay cambios muy interesantes) y Sebastián Vivaldi también tenía su historia.
Hicimos la selección de actores (del casting y externos) y comenzaron las juntas. En el caso de Venus en la Piel, los seleccionados fueron los siguientes: Claudia Arana, Ramón Briceño, Sthepanie Reynoso, Gilberto Gutiérrez, Efrén Hernández, Rodrigo Bojórquez, Jorge Acosta y, más adelante lo sabríamos, Alejandro Rangel.
Una vez confirmado el reparto comenzó el trabajo duro: localizar locaciones y obtener permisos, arreglar vestuarios y obtener la utilería, hacer pruebas de luz, maquillaje, efectos especiales, etc.
Para todo esto conté con la dedicada e indispensable participación de Alejandro Rangel, quien me asistió durante toda la producción y, además, se desempeñó como director de fotografía del cortometraje.
Las locaciones incluían: casas abandonadas, bodegas, hospitales, callejones, aparadores con televisores, un cuarto oscuro de fotografía, un banco de sangre y algunas más. Lo más problemático, sin duda alguna, fue conseguir la bodega, pero eso es parte de la siguiente entrega de este diario retrasado.
Se agradece también a Sueños Guajiros por apoyarnos, desde el estado de Chihuahua, con una parte importante de la utilería.
El maquillaje correría a cargo de Efraín Ochoa (que había conocido gracias a la formación del colectivo) y la música la interpretaría Age of Reason.
La filmación, por fin, se encontraba a la vuelta de la esquina.
Del colectivo PER-SÉ, sin embargo, nadie sabe nada.
(continuará…)