¿Y QUÉ MAS DA SI UN CURA, UN METALERO Y UN CHARLATÁN SE ENCARGAN DE SALVAR AL MUNDO?
Debo confesar que, aunque eso de las profecías y las crueles premoniciones que muchos auguran para nuestro ya gastadito planeta no me quita el sueño, más de una vez he pensado con un mucho de inquietud en eso del fin del mundo. Lo peor del caso es que no tengo (o tenemos) una sola opción por la cual preocuparnos, sino que, si es que el mundo se acaba (así de fregadazo), o nos ahogamos en toda esa agua que poco a poco baja de los polos, o nace el tal hijo de un tal chamuco que sin duda alguna sería, como dice la rola de los Ángeles del Infierno, el principio del fin. Pero bueno, ya qué. Todo es mejor que fanatizarse y pasar los días y las noches metido en un refugio antibombas comiendo comida enlatada y procreando con nuestra madre y nuestras hermanas, o incluso viendo y reviendo hasta el fin de los tiempos una desgastada copia de Kramer vs. Kramer. El fin del mundo ha sido uno de los temas más recurrentes en el cine, mostrando diferentes facetas de esa terrible destrucción que va desde aquellas antiguas películas de monstruos de otro planeta que vienen a destruirnos, hasta esas estilizadas fantasías de Michael Bay tipo Armaggedon y Deep impact. La fórmula conocida para toda película de fin del mundo es un poco así: después de enterarse de que el fin del planeta se avecina (ya sea gracias a una piedra gigante tipo asteroide o a una explosión en el centro de la tierra o a la venida del chamuco), un héroe o héroes se dan a la tarea de evitar a toda costa que tal evento tenga oportunidad de suceder, para lo cual deberán recurrir a todos los medios que se les crucen en el camino (naves espaciales, archivos prohibidos del FBI) y a todas sus habilidades físicas y deductivas. El final de héroe es incierto pero de igual modo glorioso pues, ya sea vivo o muerto, todo mundo festejará su valentía o sacrificio (ah, y será recordado por todos sus compañeros para siempre). Sí, sí, todo muy noble y glorioso pero, repitiendo una pregunta que por alguna razón siento que ya hice, ¿Qué pasaría si fuera Álex de la Iglesia y no Michael Bay quien se encargara esta vez de salvar a la humanidad? La respuesta nos llegó allá por el año de 1995, cuando después de recibir sendos premios por su Ópera prima Acción mutante, Álex de la Iglesia regresa a la silla del director con la cinta El Día de la Bestia, misma en la que colaboran sus camaradas de toda la vida Santiago Segura y Alex Angulo que, aunque no muy bien parecidos ninguno de los dos, saturan la pantalla con su hilaridad y sarcástico desenfado. La historia de la película es simple: un sacerdote (el buen Álex Angulo) cree haber encontrado el mensaje secreto del Apocalipsis según San Juan: una fecha, la fecha del nacimiento del Anticristo, el 25 de Diciembre, en Madrid. Para detener este demoníaco suceso, el cura se une a un joven aficionado al Death Metal y a un charlatán televisivo que se llama a sí mismo Profesor Cavan, una especie de gurú paranormal que conduce el programa televisivo de moda en la ciudad. La premisa por sí sola es genial, me recuerda a esa otra idea de que parte una cinta algo malograda de Jaime Humberto Hermosillo: Exxxorsismos, la historia de un velador que, después de quedar encerrado en un centro comercial durante su primer día de trabajo, se encuentra con el fantasma que usualmente ronda por esos pasillos; la parte interesante está en que ese dichoso fantasma es, en realidad, el amante muerto del velador quien, muchos años atrás, rompió la promesa de suicidarse junto a él y que ahora debe arrepentirse después de ver muchas imágenes algo perturbadoras para nosotros (aunque sabemos que a su director le encantan). Álex Angulo está tan genial como en la obrita maestra Mirindas asesinas y Santiago Segura se lleva los aplausos en su papel de Jose María, ese loco que, a fin de cuentas, termina por conmovernos. La estética de cómic que tanto fascina a de la Iglesia está presente en todos los planos de la película, desde el hilarante principio con la cruz que se derrumba hasta las magníficas secuencias en lo alto de los edificios (debo rescatar aquí una inquietud personal: creo que el buen Álex tiene una seria afición por las secuencias filmadas en escenarios elevados, ya sea edificios o puentes o demás; cosa que me hace pensar en el serio trauma que, como a mí, le habrá provocado Vertigo (de Alfred Hitchcock) y toda esa emoción proveniente de la posibilidad de caer a un vacío que más bien se llama muerte). Además, vemos en la cinta la preocupación del pueblo español por la serie de actos terroristas cometidos por los diferentes grupos que siembran el terror en su país, llámese ETA o como quiera llamarse, vía Limpia Madrid, una organización ilícita encargada de propinar balazos, fregadazos y hasta batazos al primero que se ponga enfrente. Humor negro del bueno, del que sabe hacer Álex de la Iglesia, es lo que encontraremos en EMERGO ZINNEMA si asistimos a la proyección de la cinta El Día de la Bestia, este Lunes 17 de Octubre en el Museo Regional (a las 5:00 pm) y el 20 de Octubre en la Torre Académica de la UAS (a las 2:00 pm). Ya para finalizar, te recordamos que si no tuviste oportunidad de ver La Comunidad el Lunes pasado, esa misma película se proyectará de nuevo el día 21 de Octubre (a las 5:0 pm) en la sala audiovisual de la Universidad de Occidente. Recuerda que, aunque ya la vimos pirata, todos los fans de Álex de la Iglesia esperamos con ansias y otras cosas la oportunidad de ver en el cine su más reciente cinta: Crimen Ferpecto: divertidísima, grotesca, como de costumbre. Los dejo por el momento, la verdad es que algunos asuntos rondan por mi mente y no es precisamente el fín del mundo, sino el fin de otras cosas, lo que me inquieta. Pd. Un café, un buen libro y otras drogas ayudan bastante, sin embargo la imagen sigue ahí... quieta…quieta. |


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