
La odisea comenzó allá por mayo del 2007. La filmación, digo.
Le llamo odisea porque, como les dije una vez a unos muchachos que vieron el corto, esta experiencia, más que enseñarme qué hacer, me ha enseñado cuáles son las cosas que nunca se hacen cuando se filma una película.
Para empezar, les diré que el calendario inicial de filmación contemplaba 5 días de rodaje que, a fin de cuentas, se convirtieron en 3 meses.
El primer día de filmación (según aquel optimista calendario de 5 días) fue un desastre pues, según nosotros, podríamos terminar 4 escenas completas; así que imaginen el cuadro: en el primer set había alrededor de quince personas (diez de las cuales no tenían nada que hacer allí), el equipo y la utilería estaban regados por todas partes, el diseño de la escena aún no estaba listo y, para empeorar las cosas, había una persona afuera golpeando el auto de los actores y gritando que nos largáramos.
Por supuesto que ese día se fue al carajo.
Una semana más tarde se reanudó la filmación, esta vez en exteriores y, aunque fue un buen día, nos dimos cuenta de que el ritmo sería lento.
La siguiente fecha, en interiores, se destinó al rodaje de una escena con dos actores que, de no haber sido necesario impregnar el cabello de la actriz con pintura para zapatos (era domingo en la noche y el spray para el cabello se había terminado), hubiera sido nuestro más feliz día de filmación.
Y así continúa la lista de percances: en cierta ocasión nos vimos atacados por una banda de pachecos, las pruebas de maquillaje no parecían ofrecer ningún resultado positivo, nadie nos quería prestar una bodega, la cámara se descompuso y hasta Monterrey paró, estuvieron latentes las posibilidades de perder actores que llevaban un avance considerable dentro del corto, etc.
Aún así, nada nos detuvo y a cada problema venía la solución: logramos la versión definitiva del maquillaje, conseguimos locaciones que por momentos parecían imposibles, la fotografía del corto iba muy bien y, lo mejor de todo, la cámara sí tuvo arreglo.
En fin, después de una semana intensa grabando una escena en una bodega y luego del último día en un hospital, el cortometraje quedó terminado a mediados de junio, a eso de las doce de la noche.
Vino la edición, la música y listo: la primera versión del cortometraje vio la luz.
Por cierto, de último momento el título cambió: de VENUS EN LA PIEL pasó a llamarse SED, y el culpable es Víctor Fernández, que por aquel entonces estaba de vacaciones en Los Mochis.
El cortometraje, hasta la fecha, ha sido exhibido en el Concurso de Cortometrajes Cíbola (Chihuahua), en el festival Cine en Corto (Tamaulipas) y próximamente en la Muestra de Cine de Horror Aurora (Guanajuato capital, este 12 de Febrero de 2008).
Por mi parte sólo puedo agradecer a todas las personas que colaboraron en la construcción de SED: a Claudia, Ramón, Sthepanie, Rodrigo, Efrén, Jorge y Gilberto, les agradezco haber aguantado los maltratos a los que fueron sometidos, que van desde desvelos diarios y pintura para zapatos en el cabello hasta quemaduras; a Alejandro, Roberto, Paulina, Alma, Efraín, Reynaldo, Agustín y Axel, les agradezco haber sumado su gran experiencia a este proyecto; a todos, en general, les agradezco la disposición y el permitirme aprender de ustedes.
Sobre SED, espero que les guste y que puedan verlo en alguna de las muestras en que ande circulando, pues todavía le queda corrida.
Sobre nuevos proyectos: dos cortometrajes para este año (de los que ya les iré contando), un festival de cortos y los planes para una película, además de reactivar el blog.
Suerte a todos.