abril 11, 2007

DE EDUCACIÓN GLOBALIZADA E IMÁGENES PARA LOS SENTIDOS

Al hablar de la globalización en relación a sus efectos sobre la cultura educativa, nos viene inmediatamente a la cabeza aquella expresión de “extensión y comunicación”.
Una vez que la fiebre de la globalización ha cesado de cegarnos, se ven, decantados, multitud de problemas relacionados con las “verdaderas” fuentes educativas que controlan el actual panorama de la enseñanza.
Si, una vez analizado el problema de la globalización en relación al desarrollo económico de los países, nos dimos cuenta de que la globalización sólo es un control disimulado de los “poderosos” sobre los “subdesarrollados”, en materia educativa se habla de desigualdades muy similares.
En materia de desarrollo científico, son los países con más altos recursos los que producen el conocimiento que se difunde en el mundo entero. En relación a las demás áreas del conocimiento, son también dichos países los que controlan el entorno.
La educación que se imparte en los países subdesarrollados depende, entonces, directamente de la información que se produzca en las naciones dominantes. De ahí que se pueda hablar de un control educativo por parte de las naciones dominantes.
Esto es, además, el inicio de un control cultural no por adaptación, sino por las mismas bases de los educandos.
Por otra parte, ya que hablar de educación en la era globalizada no se limita a hablar de control, también se puede anotar la sugerencia de una enseñanza ya adecuada a esta era de espacios ilimitados.
Hablar de globalización, entonces, es hablar de libertad y proliferación de información.
Nuestro entorno está repleto de información, nuestro tiempo mismo ha adoptado el pseudónimo de “era de la información”.
A donde sea que miremos encontramos información: cualquier actividad, por más simple que sea, en este mundo globalizado, requiere del procesamiento de grandes cantidades de información. Se han generado, incluso, tal cantidad de información, que ya no sabemos distinguir entre calidad o desperdicio.
En cuanto a la educación actual, nos enseña a maniobrar dentro de ese mundo de procesos. El problema reside en que, a tal cantidad de datos e instrucciones, no se ha añadido una forma accesible de aprehenderlos.
Los datos, la información, está codificada en comandos y fórmulas, más aritméticas que sensoriales, más maquinales que sensitivas.
La educación, entonces, en la época de la globalización, debería enfocarse a la reinvención de sí misma en un contexto saturado de información.
Esto es, además de educar para decodificar, se debería educar para reinventar los códigos en formas más universales.
Tal vez lo anterior suponga un proceso globalizador más intenso, pero no creo que se pueda hablar realmente de globalización hasta que la educación supere la barrera de los idiomas y las ecuaciones para ubicarse en contextos más inmediatos, más en tono con la creación de un verdadero lenguaje universal.
Un lenguaje, por supuesto, que supere las barreras de los ámbitos económicos.
La educación, en la era globalizada, para ser más justa, debería comenzar por crear lenguajes más globales, mensajes que puedan ser entendidos en cualquier parte; y no hablamos sólo de imágenes que generen sensaciones, sino de imágenes que simulen palabras, enunciados y procesos.
Además, la cultura, más allá de transculturación o aculturación, debería de tornarse en un ente más heterogéneo, un ente que nos permitiera trascender en seres, realmente, más universales.
Así, más allá de control educativo, control de la información o desventajas del fenómeno, la educación debería generarse a sí misma a través de un desarrollo de lenguajes nuevos, lenguajes globalizados y más en tono a los sentidos, lenguajes que nos hagan traspasar las barreras materiales para convertirnos en seres verdaderamente universales.
Por lo menos para mí, hacia ese punto apunta la situación actual de la cultura.
Educación pro-activa es lo que necesitamos si queremos información democrática, generada por todos y para todos, sin mediador alguno.

 
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